Confesate con un cura

¡ BENDECIDOS PARA BENDECIR !

 

y…

 

PERDONADOS PARA PERDONAR J

 

 

"Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa." - Mateo 9:6 / Reina-Valera 1960 (RVR1960)

 

"Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos." - Juan 20:23 / Reina-Valera 1960 (RVR1960)

 

“Y todo esto es de Dios, el cual nos reconcilió á sí por Cristo; y nos dió el ministerio de la reconciliación.” – 2ª Corintios 5:18 / Reina-Valera 1960 (RVR1960)

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remitir [remitir]

1.  Enviar algo a determinada persona de otro lugar. 

2.  Perdonar, alzar la pena, eximir o liberar de una obligación. 

3.  Dejar, diferir o suspender. 

4.  Dicho de una cosa: Ceder o perder parte de su intensidad. U. t. c. intr. y c. prnl. 

5.  Dejar al juicio o dictamen de alguien la resolución de algo. U. m. c. prnl. 

6.  Indicar en un escrito otro lugar de él o de distinto escrito donde consta lo que atañe al

     punto tratado.

7.  prnl. Atenerse a lo dicho o hecho, o a lo que ha de decirse o hacerse, por uno mismo o por

     otra persona, de palabra o por escrito. 

[Del lat. remittĕre]

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"A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos." - Juan 20:23 / Reina-Valera 1995 (RVR1995)

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"A quienes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados." - Juan 20:23 / Nueva Versión Internacional (NVI)

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"A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; pero a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar." Juan 20:23 / Castilian (CST)

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"A quienes perdonéis los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengáis los pecados, éstos les son retenidos." - Juan 20:23 / La Biblia de las Américas (LBLA)

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"Si ustedes perdonan los pecados de alguien, Dios también se los perdonará. Y si no se los perdonan, Dios tampoco se los perdonará." - Juan 20:23 / Biblia en Lenguaje Sencillo (BLS)

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Confesión, Sacramento de Sanación

 

Juan 20, 20-23

 

Les dijo: «¡La paz con vosotros! ». 20Dicho esto les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de Gozo al ver al Señor. 21El les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes!«. Así COMO EL PADRE ME ENVIO A MI, ASI LOS ENVIO A USTEDES. 22Dicho esto soplo sobre ellos: «RECIBAN EL ESPIRITU SANTO: 23A QUIENES USTEDES PERDONEN QUEDAN PERDONADOS, Y A QUIEN NO LIBREN DE SUS PECADOS, QUEDAN ATADOS.”

 

En este texto del Evangelio de San Juan JESUS nos habla específicamente del pecado, no se habla de “atar y desatar” en una manera amplia como en el texto de San Mateo 16, 19, aquí JESUS se refiere muy directamente al perdón de los pecados.

Este es un pasaje de gran solemnidad. Son las primeras palabras del Resucitado a sus apóstoles en congregación, son las primeras palabras de JESUS a sus discípulos después de la Redención. JESUS establece un paralelismo entre la misión que le encomendó el PADRE y la que El les encomienda. El PADRE le dio una misión: La Redención, JESUS la cumplió a cabalidad y ahora El envía a sus escogidos para mantener el ministerio con una misión nueva: Ser los administradores de la consecuencia de la Redención, del perdón de los pecados. ¿Por qué? ….Misterio arcano que solo JESUS, su PADRE y el Espíritu conoce y que a nosotros no nos corresponde enjuiciar, sino creer en Fe. Para reafirmar este poder les da solamente el ESPÍRITU SANTO, no para la misión de la Iglesia carismática como el Pentecostés, sino que es una “Unción Especial” para impartir este ministerio que es dado solo a los apóstoles, no a la congregación de los seguidores de JESUS. Este soplo del ESPÍRITU sobre los Apóstoles hay que relacionarlo con el Soplo del PADRE en Génesis 2,7 donde le da “Infusión de vida a Adán, Aquí JESUS infunde “Vida nueva” al darle poder a la Iglesia naciente de perdonar al pecador en muerte espiritual y darle la vida nueva en CRISTO merecida en la cruz del Calvario.

 

Hermanos de otras denominaciones interpretan que JESUS aquí cuando habla de perdón de los pecados se refiere a una predicación de arrepentimiento y establecen un paralelismo con Lucas 24, 46-47, pero seria absurdo pensar que JESUS le da este poder a Apóstoles de forma tan solemne cuando ya lo había dado anteriormente. Tampoco se refiere JESUS a la intención de que si perdonamos se nos perdona como lo dijo en el Padre Nuestro, pues aquí no se habla del perdón de los apóstoles, sino de un perdón administrado por ellos y que no implica perdón automático de ellos. Hay que predicar el arrepentimiento de los pecados, pero esta predicación es absolutamente diferente del perdón en si. Este es el texto básico donde la Iglesia se ha apoyado en los siglos para perdonar los pecados, base más que Evangélica y más clara que muchos de todos los textos en común.

Este perdón no se extinguió con los apóstoles, como no se extinguió el mandato de predicar y bautizar al morir los Apóstoles, sino que continuó en los sucesores hasta el día en que JESUS regrese a entregar el reino al Padre y ya no exista mas pecado por que su autor ya ha sido aniquilado.

 

La Confesión tiene una dimensión espiritual que se escapa a los que no tienen los ojos abiertos a la realidad del Espíritu, y es la de experiencia de Gracia. Somos  imagen y semejanza de Dios en nuestro espíritu (que es lo que tenemos semejante a El) nuestro espíritu vive por la Gracia, es la Gracia lo que nos da la Santidad por la cual hacemos patente nuestra filiación divina. Como decían los Padres de la Iglesia “Lo que en Dios es por Naturaleza en el hombre lo es por Gracia” o sea somos semejantes a Dios por la Gracia Santificante. El pecado destruye la vida espiritual desde el momento en que perdemos la Gracia, podemos decir que el pecado es la muerte del espíritu, la vaciedad del hombre, la nada espiritual, esto nos lleva a Adan-barro. Cuando Adán fue creado tenia forma humana, era humano pero no tenia vida, dice la Santa Palabra que Elohim-Dios SOLPLO aliento de vida y Adán vivió y reconoció la maravilla que Dios le había dado, con este soplo de vida entro el Espíritu Santo (rua) y con el Espíritu, la Gracia.

                                                              Génesis 2, 7     

 

         “Entonces, el Señor Dios formo al hombre con polvo de la tierra, y SOPLO en sus narices aliento de vida y existió el hombre con aliento de vida”

 

El Señor Dios solamente SOPLA  DOS VECES en toda la historia de la salvación, la primera el día de la creación del hombre, la Segunda la tarde de la Resurrección, veamos:

SAN JUAN 20, 22

 

    Dicho esto SOPLO  sobre ellos: Reciban el Espíritu Santo, a quienes perdonen los pecados les queden perdonados, y a quienes no liberen, queden atados”

 

Es muy significativo que el Señor sople dos veces sobre el hombre y en ambos casos da el Espíritu Santo, que consecuencia trajo el primero de estos soplos? La vida y la Gracia! Eso mismo hermano es lo que da Jesús por medio de su soplo divino a su Iglesia para ministrar, es por eso que dijo “Así como  mi Padre me envío YO LOS ENVIO” es un verdadero envío el que da Jesús a su Iglesia para dar la vida de la gracia en la Confesión. Cuando pecamos ya dijimos que muere el alma a la Gracia, en la Confesión y por el poder de Jesús no solo se perdonan los pecados, también  se da la vida de la Gracia, es un nuevo nacimiento del alma muerta por el pecado a la vida por el soplo de la Gracia. ¡Que poco conocemos y valoramos este poderoso medio de vida dejado en las manos débiles de la Iglesia!

 

PRECEDENTE BIBLICO DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACION

 

El Pueblo de Israel era un pueblo que conocía que su DIOS era un DIOS Misericordioso (Exodo 34, 6-7), sin embargo instituyó liturgias externas para tener la seguridad del perdón que sabían su DIOS otorgaba, así vemos en el Levítico:

Levítico 4, 27-31 27Si un hombre cualquiera del pueblo peca por inadvertencia, haciendo algo prohibido por Yavé, volviéndose culpable. 28En cuanto se le indique el pecado cometido presentará como ofrenda una cabra sin defecto, 29pondrá la mano en la cabeza de dicha víctima por el pecado y la degollará en el altar de los holocaustos. 30El sacerdote mojará su dedo en la sangre y tocando los cuernos del altar de los holocaustos derramará el resto en su base. Así se hará expiación por el que ha cometido la falta y será perdonado.

El acto externo aseguraba al creyente la posesión del perdón prometido. DIOS perdonaba, pero el hombre por medio de un gesto hacia público su condición de pecado y su arrepentimiento.

 

En el judaísmo tardío según el Talmud existían ritos penitenciales públicos donde este contenía una formula de arrepentimiento “Oh, YAHVEH, he pecado yo y toda mi familia, perdona mis pecados y los de mi familia”. El historiador Judío Flavio Josefo también menciona que en su época se ofrecían sacrificios por los pecados concretos y personales en su libro “Antigüedades Judaicas”.

 

EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACION EN LA IGLESIA NACIENTE

 

En San Juan 16, 12-13, el SEÑOR JESUS nos dice bien claro que cuando venga el ESPÍRITU de la Verdad, este va a revelar todas las cosas que El no ha dicho. La Iglesia después de Pentecostés comenzó el ministerio del perdón esa misma mañana, cuando Pedro proclama el Bautismo para el perdón de los pecados, (Hechos 2, 38). La Iglesia primitivamente como nos lo dice I Corintios 5, 1-5 excluía de su seno a los pecadores y los recibía en la comunión de los santos si se arrepentía II Corintios 2, 5-11, esta era la manera primitiva de ejercer el don de perdonar. Ya a fines del siglo II se impone una forma apostólica de perdonar que aparece veladamente en I Timoteo 5, 22:

No impongas a nadie las manos a la ligera no sea que te hagas cómplice de los pecados de otros.

Esta imposición de manos no es en modo alguno referente a la ordenación al ministerio, pues desde el versículo 17 Pablo nos habla del pecado. Pablo le dice a Timoteo que no perdone por imposición a la ligera a un pecador so pena de cargar el con futuros pecados, y no solo de los presbíteros pues en el versículo 17 en adelante habla en singular y en el 22 en plural.

 

En la Iglesia primitiva la confesión de los pecados era pública como dice el Apóstol Santiago:

 

Santiago 5, 16 Confiesen sus pecados unos a los otros y pidan unos por otros para que se sanen.

 

Antes de comenzar la Eucaristía los pecadores puestos de pie confesaban sus pecados públicamente y públicamente se daba la absolución por el Presbítero presidente, de ahí proviene el inicio de nuestra Eucaristía “Antes de comenzar los sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados” que aun subsiste después de XX siglos, ya de forma simbólica. De ahí también la categoría de Sacramento de Sanación de la Reconciliación.

San Ignacio de Antioquía en el Siglo II en su carta a los Filadelfos 8, 1 decía “Eso si, a todos los que se arrepienten les perdona el SEÑOR, a condición de que su arrepentimiento termine en la unidad de DIOS y en el tribunal del Obispo”.

 

La Didache, el escrito más antiguo del cristianismo, escrito hacia el Siglo I dice referente a la confesión en su punto IV, 14 “En la reunión de los fieles, confesarás tus pecados y no te acercarás a la oración con conciencia mala”.

 

Entre los siglos VI y VII se efectuó un cambio en la confesión de los pecados de público a privado, esto ocurrió paulatinamente cuando el monaquismo Irlandés se extendió por Europa y los fieles escogieron a estos hombres santos para cumplir lo ordenado por Santiago, no públicamente sino en la presencia de estos monjes de sabiduría y vida santa. El Concilio de Letran en el año 1215 fija la pauta definitiva del Sacramento de la Reconciliación como lo conocemos hoy.

 

Concluyendo, JESUS le da el poder a los Apóstoles de Ministrar el Perdón logrado por el en la cruz (San Juan 20,23) aunque también nos dice que hay pecados que no se perdonan, como es el caso del pecado contra el Espíritu SANTO, la Iglesia determina que para saber si se puede perdonar en pecado es necesario conocerlo y por tanto confesarlo, para perdonar, para aconsejar y por lo tanto sanar. La condición previa a la confesión y necesaria es el arrepentimiento, sin este la confesión no es válida. El Presbítero investido por el Obispo (Sucesor de los Apóstoles que recibieron tal poder) absuelve al cristiano arrepentido, no con su poder, sino con el poder recibido por la Iglesia ministra el perdón de DIOS logrado por JESUS en la Cruz y lo confirma con el signo de la imposición de mano. Sacramento de sanación, signo maravilloso del poder de DIOS y de su misericordia que nosotros la Iglesia no lo sabemos valorar y que es como decían los Padres de la Iglesia, una Segunda tabla de Salvación.

 

Actualizado Noviembre 2003                             - por => http://www.apologeticasiloe.com/