La era del Amor :-)

“SMS” del Espíritu Santo    (34 “mensajitos de texto”)

 

Los hombres serán advertidos por videntes y por particulares signos del firmamento, pero solamente mis pocos amigos se darán cuenta, mientras que los expertos los considerarán raras manifestaciones de la naturaleza.

Como en los tiempos de Noé, así sucederá. El amor se apagará completamente, la fe en un mensaje de vida revelado del cielo será transformado en superstición tenebrosa, mentirosa y tramposa...

La luz de la viva fe de amor no resplandecerá más... en su lugar será impuesta a los hombres, con distintas prescripciones amenazantes, una fe ficticia.

Los falsos profetas, que dominan con soberbia y orgullo, vendrán propuestos a la adoración de los hombres como verdaderos sucesores de mis discípulos y como mis representantes en la tierra. En estos tiempos el número de mis verdaderos seguidores será modesto dado que el Anticristo quiere demasiado ensanchar sus escuadrones.

 

 

Desde la iglesia exterior no vendrá jamás por cierto el Reino de Dios que es la verdadera y propia vida del espíritu, vida interior, pero esta iglesia exterior es, por mi providencia y cuidado, una protección para la iglesia interior, que cada cual puede fácilmente encontrar sólo que lo quiera verdaderamente. Y entonces no importa en cual iglesia exterior se encuentre, es suficiente que ella anuncie de alguna forma mi nombre y mi palabra.

Mi Reino, que yo ahora fundo entre los hombres sobre la tierra, no es un reino mundano, mas divino, que está adentro del hombre.

El Reino de Dios... está en lo más íntimo de vosotros y consiste en el espíritu del verdadero amor hacia Dios y al prójimo, y en la verdad de la vida del alma...

Yo he venido en este mundo para traer a los hombres el verdadero Reino de Dios. Erigiré sobre esta tierra un vivero completamente distinto de verdaderos hombres, que durará después hasta el fin de los tiempos.

 

 

Cuando mi verdadera doctrina sea traída entre los hombres de buena voluntad y de verdadera fe, y por lo menos la tercera parte de los hombres haya tomado conocimiento de ella, vendré yo personalmente aquí y allí, en forma visible con mi cuerpo espiritual, cerca de aquellos que más me aman y que luego tienen una fe verdaderamente vivida.

Y yo de ellos traeré comunidades contra las cuales nada pueda la prepotencia y la oposición de algún poder de la tierra. Cuando regresaré una segunda vez no naceré como un niño de una mujer, dado que este mi cuerpo permanece glorificado como yo soy, un espíritu para la eternidad...

Todavía yo no vendré solo sobre la tierra, más todos los míos desde los cielos llegarán en escuadrones grandísimos y fortalecerán a sus hermanos que todavía proceden en la carne. Así habrá una verdadera comunión entre ellos y eso aportará un gran alivio a la humanidad.

 

 

Las catástrofes naturales, las desgracias y las enfermedades que anteceden el tiempo son los últimos intentos de salvar todavía lo que es salvable, para que no todos los hombres se hundan en el barro del egoísmo. ¡Solamente con la infelicidad y duros golpes del destino el soberbio corazón del hombre se torna dócil!

Cuando todos estos desventurados eventos caigan sobre la humanidad, como en un tiempo acerca de los judíos la destrucción de Jerusalén, ¿de quién será la culpa?

¿Soy yo un Dios vengativo que quiere la sangre de miles y miles de personas? ¿O más bien son ellos mismos que doblan todo a su voluntad y quisieran inclusive -solamente que fuera posible- dar vuelta a las grandes leyes del mundo material y espiritual?

Hago decir esto a fin de que todo el mundo lo conozca. Como yo una vez predije la ruina del pueblo hebreo y esto verdaderamente se ha verificado, así les basten las advertencias y las predicciones con las cuales claramente les he dicho que acontecerá, cómo y cuándo esto debe acontecer, para traer sobre el justo camino a mis hijos que se han perdido.

Les recomiendo sobre todo el amor hacia el prójimo, que procede del amor hacia Dios. Esto solamente es capaz de apartar a vosotros de vuestra completa necedad y reconducirlos  nuevamente a mi orden. Es por eso que yo he venido en el mundo: para mostrarles el camino que deben seguir para regresar en mi orden.

 

 

¡No os desaniméis, mas pronto vendré con la Luz! ¡Muchos signos vendrán desde el Cielo y sobre la Tierra... suficientes si queréis creer! Todo haré para salvarlos, daré todos los medios, todas las ayudas.

El mundo está en el barro; no entienden más la verdad de Dios... ¡Quieren ignorar la Verdad, quieren hacer por sí mismos!

El mundo se está perdiendo de hora en hora... ellos no aceptan mi invitación...

Aumentad siempre vuestra fe porque los momentos vienen terribles. Veis en muchos lugares del mundo muchos sacudimientos, muchos desastres, terremotos. Orad, orad con Fe para que el Eterno Padre tenga piedad.

Orad, orad, orad siempre con la sonrisa en vuestros labios.

Pedid perdón al Eterno Padre que tenga piedad y misericordia, porque los terribles flagelos son verdaderamente terribles, terribles a punto que no podéis imaginar.

El Eterno Padre ha dado este bienestar después de la guerra, sobre las naciones, en todos lados... y este bienestar lo han empleado solamente en el barro, no para agradecer a Jesús. Ellos han hecho solamente actos de orgullo y de vanidad.

 

 

No esperéis que llegue la hora; amaos los unos a los otros, llevad amor en los corazones. No orgullo, no soberbia, no vanidad, solamente amor, amor y paz en el corazón. Entonces cuando llegarán los terribles momentos de oscuridad, si tendréis a Jesús en el corazón, seréis fuertes... El atiende hasta la última hora, escuchadme.

La hora ha llegado, la hora ha llegado. El Eterno Padre no se retarda más, pero vosotros orad, entre vosotros, conmigo, insistamos con la oración y el sacrificio.

¿Qué será de vosotros si no habéis venido aquí a tomar fuerzas, coraje, fe para resistir a las luchas, a las tribulaciones, a las cruces, a las persecuciones, a la guerra, terremotos, pestes y hambre: si no tenéis fuerza, resistencia, que será de vosotros?

 

 

Hay que renunciar antes que nada a los programas de televisión, que son un gran peligro para la familia. ¡Hay que empezar a partir de ahora! Eliminad la televisión y dejad las diversas cosas que no son de provecho para vosotros.   

Un ayuno verdadero es renuncia a todos los pecados; y antes que nada renunciar a los programas de televisión que son un gran peligro para todas las familias: después de los programas de televisión ya no sois capaces de orar. Todas las oraciones que hagáis, ofrecedlas por la apertura de los corazones que están en el pecado. Lo deseo Yo y lo desea Dios a través de mí.

Queridos hijos, os invito a la conversión individual.

 

 

Orad sin deteneros..., incitaos continuamente a la oración..., que vuestra oración sea la oración del corazón... Orad para que Jesús triunfe... Sin vosotros el Señor no puede realizar todo aquello que pretende...

¡Comenzad ya desde este momento! Apagad la televisión y dejad de lado las cosas que no son útiles para vosotros.            

Cuando oráis, sois mucho más bellos, como flores que después de la nieve dejan ver toda su belleza y cuyos colores son indescriptibles. Así, hijos amados, también vosotros después de la oración desplegáis mejor ante Dios todo aquello que le gusta por su belleza. Por ello, hijos amados, orad y abrid vuestro interior al Señor para que haga de vosotros unas flores armónicas y bellas, dignas del Paraíso.

 

 

Jesús, que os enseñó la oración, la oración diaria, para implorar la venida de su reino a la Tierra, verá por fin realizada la súplica de su oración. El reinará. El restaurará su reino y esta creación volverá a El como un jardín donde Cristo será glorificado, donde su realeza será acogida y exaltada. Este será un reino universal de gracia, de belleza, de armonía, de comunión, de santidad, de justicia y de paz.

La gran misericordia vendrá a vosotros como un fuego abrasador de amor y será traído por el Espíritu de Amor que se os da por el Padre y el Hijo de modo que el Padre vea pronto glorificado en una nueva creación al Señor Jesús, ¡que vendrá a restaurar su Reino y a ser amado por sus hermanos!

El Espíritu Santo - ¡Sí! - bajará como un fuego, pero de un modo diferente del Primer Pentecostés. Será un fuego que quema y limpia, transforma y santifica, que renueva la tierra desde sus mismos fundamentos, que abre los corazones a una realidad de vida y lleva a las almas a la plenitud de santidad que es más perfecta que ninguna de las que habéis conocido hasta ahora. Y el Espíritu será glorificado a conducirnos a un amor más grande al Padre y al Hijo. En esto será El glorificado.

 

 

Jesús restaurará su glorioso Reino. El morará con vosotros. Vosotros conoceréis los nuevos tiempos, la nueva era. Vosotros veréis una nueva tierra y nuevos cielos.

Estos son mis tiempos porque son los tiempos de la gran misericordia. El Padre arde en ansias y se estremece en su anhelo de derramar sobre esta pobre humanidad los torrentes de su infinito amor. El Padre quiere como moldear con sus manos una nueva creación donde su imagen, por decirlo así, será más visible, más acogida, más aceptada, y su paternidad más exaltada y glorificada. El aire y la respiración de la nueva creación serán como el aliento de amor del Padre que reinará sobre todos vosotros, difundiendo cada vez en mayor medida la plenitud que brota de una fuente viva e inagotable.

¡Y Jesús reinará! Jesús para quien todo ha sido creado. Jesús que se encarnó, que se hizo vuestro hermano, que vivió con vosotros, que sufrió en la Cruz para hacer de la humanidad una nueva creación por medio de la redención, de modo que su reino, arraigándose en los corazones, se fuera extendiendo a las almas, a los individuos, a las familias, a la sociedad.

 

 

…Traed a todos mis hijos al refugio de mi Corazón Inmaculado. Llamadlos. Tomádlos de la mano. No olvidéis a ninguno. Amados hijos, buscad en vuestros caminos a los que están alejados, a los pequeños, a los pobres, a los abandonados, a los perseguidos, a los pecadores, a los adictos a las drogas, a los que son víctimas del reinado de Satanás.

Quiero salvar a todos mis hijos. Tengo necesidad de vosotros. En el tiempo del castigo, ellos deben ser protegidos y defendidos. ¿Por qué no queréis escuchar mi voz que os implora que vayáis a todas partes a recoger a los más débiles, a los más pequeños, a los más frágiles, a los que sufren, a los más alejados y perdidos? ¡Traédlos a todos, a todos! ¡Los quiero a todos en el refugio seguro de mi Corazón Inmaculado!...

Estos son mis tiempos, los tiempos del gran retorno. Sí, después del tiempo del gran sufrimiento, vendrá el tiempo del gran renacimiento. Y todos retornarán. La Humanidad será un nuevo jardín de vida y de belleza. La Iglesia una familia. ¡OH sí! ¡Iluminada por la verdad, alimentada por la gracia, consolada por la presencia del Espíritu Santo!

 

 

El mundo sólo puede ser salvado a través de la Paz, pero el mundo sólo tendrá Paz si encuentra a Dios.

            La Humanidad no conseguirá la Paz hasta que no se dirija con confianza a Mi Divina Misericordia.

Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti deje clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Corazón Sagrado fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza.

Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.

OH alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia mismos. Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso.

 

 

No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas, hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. OH, cuánto Me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos y te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.

Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.

¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad no Me impide ser misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no Me he rodeado ni de séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mi en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.

 

 

Deseo anunciar mi gran Misericordia por las almas pecadoras; no tema el pecador de acercarse a mí. Aunque el alma fuese como un cadáver en putrefacción, si humanamente no hubiese solución, no es así para Dios. Las llamas de la misericordia me consumen, deseo infundirlas en las almas de los hombres. Soy todo Amor y Misericordia. Un alma que confía en mi es feliz porque yo mismo cuido de ella. Ningún pecador, aunque fuese un abismo de pecados, nunca agotará mi Misericordia porque más se extrae y más se aumenta.

Soy más comprensivo con los pecadores que con los justos. Es por ellos que vine al mundo. Es por ellos que derramé toda mi sangre. No teman por lo tanto acercarse a mí. Es por ellos que lucho, es por ellos que me enfrento al justo enojo de mi Padre.

Para castigar tengo toda la eternidad; ahora en cambio extiendo para ellos el tiempo de la Misericordia. De todas mis llagas, pero sobre todo de mi corazón, corren ríos de amor. Doy a la humanidad su última tabla de salvación, el recurso a mi Misericordia.

Aunque sus pecados fueran negros como la noche, recurriendo a mi Misericordia, el pecador me glorifica y rinde honras a mi pasión. En la hora de su muerte yo lo defenderé como si fuese mi misma gloria. Cuando un alma exalta mi bondad, tiembla Satanás frente a ella y huye hasta las profundidades del infierno.

Mi corazón sufre porque también las almas consagradas ignoran mi Misericordia y me tratan con indiferencia. ¡Como me lastiman! Si no creen en mis palabras, crean al menos en mis llagas.

 

 

La enfermedad mas grande que padece el mundo es la falta de amor.

Cuanto menos tenemos, más damos. Parece absurdo, pero ésta es la lógica del amor.

Jamás he visto cerrárseme puerta alguna. Creo que eso ocurre porque ven que no voy a pedir, sino a dar.

Cuando una joven señora de la alta sociedad opta por ponerse al servicio de los pobres, se produce una auténtica revolución, la mayor de todas, la más difícil: la revolución del amor.

¿Dónde empieza el amor? En nuestros propios hogares. ¿Cuándo empieza? Cuando oramos juntos. La familia que ora unida permanece unida.

 

 

Me temo que no existe conciencia de lo importante que es la familia. Si se instalase el amor en el interior de la familia, el mundo cambiaría para bien. La mujer ha sido creada para amar y ser amada.

 La mujer es el centro de la familia. Si hoy existen problemas graves, es porque la mujer ha abandonado su lugar en el seno de la familia. Cuando el hijo regresa a su casa, su madre no está allí para acogerlo.

Si hubiera más amor, más unidad, más paz y mayor felicidad en la familia, no habría tantos alcohólicos y drogadictos. El amor comienza por el hogar. Si la familia vive en el amor, sus miembros esparcen amor en su entorno.

 

 

Abrid vuestros corazones al amor que Dios vuelca en ellos. Dios os ama con ternura. Lo que Dios os da no es para que lo ocultéis ni lo defendáis bajo llave. Os lo da para que lo compartáis. Cuando más os lo queráis quedar, menos seréis capaces de dar. Cuanto menos tengáis, más capaces seréis de compartir.

Pidamos a Dios, cuando tengamos ganas de pedir algo, que nos ayude a ser generosos. Cuando se experimenta apego al dinero se pierde el contacto con Dios. Pidamos, pues, a Dios que nos libre de tal apego. Sería preferible la muerte.

No debemos preocuparnos por el dinero, porque Dios está ahí para ayudarnos. A veces los pobres pueden tener hambre de algo más que de pan. Es muy posible que nuestros hijos, nuestro marido, nuestra esposa, no tengan hambre de pan, ni tengan necesidad de vestido y que no carezcan de habitación. Pero, ¿estamos igualmente convencidos de que ninguno de ellos se siente solo, abandonado, descuidado, desatendido, carente de cariño? También eso es pobreza.

 

 

Muy pobre es el país donde se tolera privar de la vida a un niño no nacido: un niño creado a imagen de Dios, creado para vivir y para amar.

Su vida no está para ser destruida, sino para que viva, a pesar del egoísmo de quienes temen la carencia de medios para alimentar y educar a un hijo más.

Si los países ricos legalizan el aborto, tales países se truecan realmente en los más pobres del mundo.

Algunos padres están llenos de amor y de ternura hacia sus hijos. Recuerdo el ejemplo de una madre que tenía doce hijos.

La más pequeña de todos, que era niña, estaba afecta a una profunda minusvalía. Me resulta difícil describir su aspecto, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Cuando se me ocurrió brindarme a acoger a la niña en uno de nuestros hogares, donde teníamos otros en condiciones parecidas, la madre prorrumpió en sollozos: “¡Por Dios, no me diga eso! Esta criatura es el mayor regalo que Dios ha hecho a mi familia. Todo nuestro amor se centra a ella. Si se la lleva, nuestras vidas carecerán de sentido.”

 

 

Dios no ha creado pobreza. La hemos creado nosotros con nuestro egoísmo.

A veces, cuando tropiezo con padres egoístas, digo: “Es posible que estos padres estén preocupados por los que pasan hambre en África, en la India o en otros países del Tercer Mundo. Es posible que sueñen con que el hambre desaparezca. Sin embargo viven descuidados de sus propios hijos, de que hay pobreza y hambre de naturaleza diferente en sus propias familias. Es más: son ellos quienes causan tal hambre y tal pobreza.”

Decimos que amamos a Dios, a Cristo... ¿Cómo lo amamos? No hay mejor manera de hacerlo que prestar servicio amoroso y gratuito a los pobres más pobres.

Ya lo sé: hay millones y millones de pobres. Yo pienso en uno a la vez. Jesús no es más que uno. Nosotros nos ocupamos de las personas individualmente. A los hombres no se los puede salvar más que de uno en uno. No presto atención a las estadísticas.  Lo que importa son las personas. Yo me fijo en una persona a la vez. Sólo hay uno: Jesús.

 

 

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de Gloria, que es suyo. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.”

Entonces los justos dirán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te fuimos a ver?” El Rey responderá: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.”

Dirá después a los que estén a la izquierda: “¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron.”

Estos preguntarán también: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?” El Rey les responderá: “En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí.”

Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.

 

 

Si no vivimos en la presencia de Dios, no avanzaremos.

La santidad no es un lujo de unos pocos. Es un deber de todos. Mío y vuestro.

Lo que hay en nuestros corazones es lo que califica nuestras vidas. Son santas todas las personas que viven de acuerdo con la ley que Dios nos ha dado.

No es lícito llevar una doble vida. No podemos decir al mismo tiempo quiero y no quiero: quiero ser santo y no quiero serlo.

Y estoy firmemente convencida de que cuando yo me vaya, si Dios encuentra a una persona más ignorante e inútil que yo, llevará a cabo cosas mayores por su medio, porque quien las hace es Él.

 

 

Augustín caminaba por la playa meditando sobre el misterio de la Trinidad, porque no lograba entender cómo Dios era uno y al mismo tiempo tres personas. En este entonces vio un niño que había cavado un hoyo en la arena y, con una conchita vacía sacaba agua del mar incesantemente y la vertía en este hoyo, y le pregunta: “¿Qué estas haciendo?”. El niño le responde: “¡Voy a meter toda el agua del mar aquí en este hoyo!”. Augustín se ríe y le dice: “Es imposible que el mar, que es inmenso, entre en este hoyo tan chiquito”. El niño lo mira fijo en los ojos y le contesta. “Lo mismo haces tú cuando quieres conocer la inmensidad de Dios”; y desaparece. ¡Este Niño era Jesús!

 

 

Yo dirijo un llamado de alerta a todo el universo, ¡llamo a los verdaderos hijos de Dios que vive y reina en los cielos! Yo envío mi voz a los perfectos imitadores del Verbo Encarnado, Cristo, el único Salvador de los hombres. Advierto a mis hijos, los que yo llevo en mis brazos, que viven siempre según mi espíritu.

Finalmente hago un llamamiento a los apóstoles de los últimos tiempos, los discípulos fieles a Jesucristo, que conduzcan una vida de desprecio del mundo y de sí mismos, y que vivan frente al mundo en pobreza y humildad, en silencio y en aniquilación, en continua oración, en caridad y en unión con Dios, en la ocultación y en el sufrimiento.

Ha venido el tiempo que se manifiesten para alumbrar al mundo. Vayan y muéstrense, hijos míos predilectos. Yo estoy con vosotros y en vosotros. Mientras que vuestra fe en la Luz que alumbra a vosotros en estos días de desgracia, vuestro celo debe hacerles tener hambre de la gloria de Cristo. Combatan, Hijos de la Luz, vosotros, pequeño número que véen, porque el tiempo de los tiempos, el último fin, está cercano.

 

 

Guardémonos de un defecto que destruye la caridad, ¿sabéis cuál es?, la curiosidad. El apóstol Pablo decía a los Corintios: “No quiero saber otra cosa sino Jesús, y Jesús crucificado”. Por tanto, ocupémonos seriamente de nosotros mismos, porque la curiosidad es un defecto que destruye sobre todo la caridad. Nos hace perder la paz con nosotros mismos, rompe los vínculos de la caridad con el prójimo, y las consecuencias, cada uno las puede medir. Pues, quien más o quien menos, todos hemos asistido en nuestras vidas a las tristes consecuencias de la curiosidad. Por esto no queremos saber de otra cosa, sino de Jesús y de Jesús crucificado; todo lo demás no debe impórtanos en absoluto. Sólo una cosa debe interesarnos, preocuparnos de nuestra santificación y de nuestro prójimo. Todo lo demás, como si no existiera en absoluto para nosotros…

 

 

...Vendrá uno a engañar a la humanidad y su Reino traerá gran infelicidad y destrucción a la tierra. Es él, el Anticristo, el señor Maitreya. No lo sigáis, hijos míos, porque es el inicuo burlador, la vieja serpiente. Cuando venga su reino, todos mis hijos tendrán que esconderse, pues todos los cristianos serán perseguidos y buscados.  El Anticristo, tratará de copiar a Jesús y convencerá a muchos de que él es el mesías, tú debes hacer conocer hoy que el Mesías no vendrá de otra manera que descendiendo del Cielo con las legiones de los ángeles igual que ascendió. Jesús es el único Mesías.

...Tened cuidado hijos míos, pues el maligno vendrá pronto. Se proclamará a sí mismo como "el cristo". Su nombre os lo he mencionado antes: Maitreya, el Anticristo. No lo escuchéis, pues es falso, el falso cristo, el mesías falso. Será aceptado por el mundo, así que observad, rezad y haced penitencia…

Y dice Jesús: “Cuando tres grandes religiones (Yo nunca prediqué una religión, Yo hablé de Mí Iglesia) van a dividirse la ciudad de Jerusalén en tres partes (Yo no tengo nada que ver con eso), entonces Yo voy a retirar Mí Iglesia de la Tierra.”

 

 

Llega el confusionismo político y religioso. Aparecerán predicadores de religiones falsas; por mensajes actuales..., hablarán de Dios, mas no Dios. Serán en la autodivinidad y explotarán el ingenuo desviado que no ve ni vio. Los ministros de Cristo y sus soldados serán los únicos que predicarán la verdad, ¡y ellos serán!

Hombre ciego. El confusionismo llega al hogar, a la sociedad, a las instituciones, ¡a la iglesia! Apresuraos, el Ángel de Castigo baja. Es la hora y aún un tiempo resta. Da de beber al que tiene sed. Restaña la herida del que sufre. Alivia necesidades y penas. Comprende y consuela al angustiado. Apoya al anciano, protege al niño desamparado. Guía al arrepentido. Y no te olvides en tu ligero andar que aun tiempo queda. Ten presente hombre ciego: la infinita bondad del Padre permitirá ver al que llora. ¡El Ángel del castigo baja!

 

 

El mundo vive fuertes tensiones y está al borde de la catástrofe. El mundo sólo puede ser salvado a través de la paz, pero el mundo sólo tendrá paz si encuentra Dios.

En Dios no existen divisiones y no hay tantas religiones.

Sois vosotros quienes habéis creado las divisiones no el mundo: el único Mediador es Jesús.

No se es cristiano si no se respeta a los demás, sean estos musulmanes, ortodoxos u otros.

¡Paz, paz, paz, reconciliaos entre vosotros, haceos hermanos!

 

 

El odio genera discordia y no se ve nada y nadie. Os invito a llevar siempre la concordia y la paz. Que el amor sea siempre vuestro único medio.

Comenzad amando a vuestros enemigos: No juzguéis, no calumniéis, no despreciéis, no maldigáis pero llevad sólo el amor, la bendición y la oración a vuestros enemigos. Sé que no sois capaces de hacerlo, pero os aconsejo que oréis cada día al menos cinco minutos a Jesús para que os dé el amor divino con el que podréis amar incluso a vuestros enemigos.

Deseo que cada uno de vosotros sienta en el corazón la paz que Dios da. Os quiero bendecir a todos y os bendigo con la bendición de Dios.

 

 

Hago una llamada a la paz. Vivid la paz en vuestro corazón y en vuestro entorno para que el mundo pueda conocer la paz que no viene de nosotros, sino de Dios.

Hijos amados, Dios me ha permitido realizar con Él este oasis de paz. Vengo a invitaros a conservarlo y guardarlo intacto. Hay gente que por su indiferencia, aborrece la paz y la oración. Yo os invito a dar testimonio y a ayudar a conservarla con vuestra vida.

Os invito a ayudar a los demás con vuestra paz,  para que miren y comiencen a buscar la paz. Vosotros, hijos amados, estáis en paz y no podéis saber que es la ausencia de paz. Por ello os invito a contribuir con la oración y con la vida a la destrucción entre la gente de todo aquello que es mal y al descubrimiento del fraude de que se sirve Satanás. Orad para que la verdad prevalezca en todos los corazones.

 

 

No solo se vive del trabajo, sino también de la oración. Y vuestros trabajos no irán bien sin la oración. No busquéis voces extraordinarias, mas tomad el Evangelio y leedlo: allí está todo claro. Sólo orando aprenderéis a orar.

En la oración, os lo  ruego, dirigíos a Jesús. Ofreced vuestro tiempo a Dios, dejaos guiar por el Espíritu Santo. Entonces, vuestros trabajos irán bien y tendréis más tiempo.

Aquellos que se han abandonado a Dios ya no tienen en su corazón lugar para el miedo. Las dificultades que tendréis para vuestro conocimiento y para la Gracia de Dios. Por ello, expulsad el miedo.

Sois demasiado débiles porque oráis demasiado poco. Seguid mi voz entonces, cuando estéis fuertes en la fe. Satanás no podrá contra vosotros.

La oración finaliza siempre en la paz y en la serenidad.

No tengo derecho de imponer a nadie lo que debe hacer. Habéis recibido la razón y la voluntad; debéis, después de la oración, reflexionar y decidir.

 

 

Hijos amados, hoy os invito a entrar activamente en la oración. Vosotros deseáis vivir en estado de gracia pero no lo conseguís porque no oráis. Orar os será agradable si empezáis a hacerlo. No os aburriréis porque lo haréis en la alegría.

Hijos amados, estáis preocupados por las cosas materiales y en aquello que es material perdáis todo los que Dios desea daros.

Muchas personas oran de manera equivocada, piden cosas, pero son pocos los que piden el don del Espíritu Santo. Pidan antes que nada el don del Espíritu Santo, quien posee ese don lo tiene todo. Oren al Espíritu Santo para que descienda en las familias.

 

 

El Espíritu Santo vendrá para instaurar el reino glorioso de Cristo y será un reino de gracia, de santidad, de amor, de justicia y de paz. Con su divino amor abrirá las puertas de los corazones e iluminará todas las conciencias. Cada hombre se verá a sí a mismo en el fuego abrasador de la divina verdad. Será como un juicio en pequeño… Lo que ocurrirá será algo tan grandioso que sobrepasará todo lo que ha sucedido desde el principio del mundo. Será como un juicio en pequeño y cada uno verá su propia vida y todo lo que ha hecho, a la luz misma de Dios.

Esta será la única vez en la historia de la humanidad que el hombre recibirá el mismo conocimiento que en la hora de su muerte. ¡Este será mi gran acto de misericordia! Cuando el hombre se enfrente con los pecados de su vida, ese momento le pertenece. Yo repararé todo, pero él debe pedírmelo. Yo perdonaré todo, pero él debe arrepentirse. Yo llevaré a todos nuevamente a Mi Corazón, pero son ellos los que deben regresar por sí mismos.

 

 

¡El Cielo se abrirá! ¡Más grande que nunca, más grande que nunca! Veo una gran catarata como las del Niágara o del Iguazú, y veo como el Señor destraba los cielos y veo como un torrente de aguas poderosas caen. ¡La Argentina literalmente, estará en el fuego de Dios! El instante que deje de caer este torrente, el aluvión, el Señor me dice que se manifestará a través de una experiencia de alabanza. Un grupo de alabanza vendrá a la Argentina, cantantes jóvenes. Un grupo de 150, no más de 200 personas. Veo que andan por todo el país. No son de Estados Unidos, no son europeos. Veo que son rostros oscuros, son medio marrones, algunos parecen como africanos, son de América y quizás de algún lugar de Europa, van a viajar a través de Argentina y por medio de esa experiencia de alabanza la iglesia captará ese espíritu de alabanza y Dios va a usar este grupo. Y cuando vengan a la Argentina ustedes lo van a saber y ellos viajarán. Pero ellos no traerán el avivamiento, el torrente de Dios lo hará. Este les va a dar nuevas canciones a la Argentina. Vendrá una nueva unción de alabanza a todas las iglesias de la Tierra, vendrán nuevas canciones a la iglesia y cuando las nuevas canciones comiencen a fluir... ¡Toda oposición satánica quedará rota aquí en Argentina! ¡Aleluya! Esta erupción de alabanza traerá ese derramamiento del Espíritu Santo, golpeará las iglesias de la Argentina.

 

 

Cuando los tiempos sean finales,... habrá una gran tierra bendita al sur del Gran Triángulo (el Cono Sur) que cobijará todas las razas, colores, banderas y religiones de lo que quede de la humanidad.

No habrá en la Argentina la maldad. No habrá en la Argentina el desamor. ¡La Argentina asombrará! Argentina en Amor, será Amor para el que lloró. Será abrazo para el que cayó en el rodar ciego. Argentina... La samaritana del mundo. Argentina, faro del mundo y núcleo espiritual para todos los pueblos. Argentina será el mañana de la humanidad.

Argentina es vacía, porque vacía debe permanecer hasta el día de la llegada del hermano mundo, herido en fuegos… 

Destrozada, la Humanidad se unificará en un abrazo de Hermanos. Sobre el Calvario del mundo, Cristo volverá a reinar y será una era de paz.  Elevación de la Tierra…

Las razas se confundirán. Será el principio de la era del Amor. Todo ser amará sin un deseo exagerado de los bienes terrenos o del placer en forma desordenada. El hombre habrá olvidado esto y la mujer conocerá su deber. Almas nuevas poblarán la Tierra y se vivirá en Cristo Dios.                                                                                (¡AMÉN!)